Como vienen explicando desde hace meses los funcionarios del Ministerio de Agricultura marroquí en los sucesivos encuentros con empresarios galos y españoles, una de las prioridades del plan ‘Maroc Vert’ es “orientar la agricultura a las producciones más remuneradoras”. Concretamente y en menos de una década, aspiran a multiplicar por 2,5 el valor añadido del sector, lo que supondría pasar a producir 4,2 millones de toneladas de olivas frente al millón actual; 3,7 millones de toneladas de cítricos en lugar de 1,5 y 10 millones de toneladas de frutas y hortalizas frente a los 4,4 millones actuales. Y siempre según el Plan Verde, revalorizar al agro con tales cultivos –que son también los estandartes valencianos, murcianos y andaluces-, pasa por aprovechar la liberalización hortofrutícola que ofrece el nuevo acuerdo con la UE e incrementar las exportaciones un 340%, por disparar el riego localizado en un 350% y por aumentar el uso de fertilizantes en un 78% .
En un país sometido a sequías cíclicas, con graves problemas hídricos y de éxodo rural y donde apenas el 13% del territorio es apto para la actividad agrícola, lograr pasar de una agricultura improductiva a otra de regadío e intensiva tendrá un alto coste. En este sentido, el ministerio marroquí está centrando sus esfuerzos en atraer con importantes incentivos estatales y fiscales a la inversión extranjera para que llegue a acuerdos de ‘partenariado’ con los grandes terratenientes locales o con los propios Dominios Reales (la sociedad que articula las propiedades del monarca) y así transformar el 20% de la superficie actual de cereales en frutas y hortalizas de regadío. “Pese a que sufre una sequía cada tres años y se ve obligada a importar cantidades ingentes de cereales de la UE o EEUU, Marruecos ha apostado por exponerse –como ahora- a la variabilidad de los precios internacionales de los alimentos”, explica Aguado quien concluye que “la UE ha cambiado frutas y hortalizas marroquíes para colocar sus cereales y productos transformados pero Mohamed VI ha cambiado divisas europeas para el enriquecimiento de los suyos por más hambre y sed para su pueblo y miseria para los pequeños agricultores y tribus rurales que hasta ahora vendían sus cosechas en los mercados locales”.
Conviene recordar a este respecto que todas las revueltas del Magreb –más allá de las legítimas aspiraciones democráticas- han tenido su origen en el brutal encarecimiento de los alimentos básicos. Para evitar que la oleada reformista salpicase a Marruecos, el Estado africano se gastó en 2010, 2.363 millones de euros en subvencionar los precios del azúcar, el aceite, el trigo y los hidrocarburos; para 2011 tiene presupuestados otros 1.545 millones y lanzó una licitación para adquirir más de 0,5 millones de toneladas de cereales. El reino alauí, además, tiene una larga tradición de revueltas alimentarias espontáneas como la del pan, en 1981 en la que murieron 66 personas o la más reciente de 2007, en Sefrou.




