Los naranjos han sufrido unas elevadas temperaturas, vientos de poniente muy secos y un grave déficit hídrico hasta las primeras lluvias de mayo, llegando en muchos campos a sufrir defoliación y a adquirir “un color amarillento que no es el deseable”.
Aguado lamenta que “la campaña citrícola llega con el mundo al revés, pues no ha llovido en abril, cuando tenía que llover, pero en mayo está lloviendo mucho, y en algunos casos acompañado por pedrisco, lo que está generando un cuajado muy irregular y, por tanto, la campaña citrícola no va a ser, ni mucho menos, la que se esperaba el sector cuando vimos la extraordinaria floración de los árboles”.
Aguado insiste en la conveniencia de que todos los subsectores de la citricultura –producción, comercio, cooperativas, industria transformadora, etc.– se avengan a planificar la próxima campaña y demuestren ante los productores y consumidores su voluntad de conseguir unos precios justos para todos los agentes de la cadena “en una campaña que posiblemente se verá marcada por el equilibrio entre oferta y demanda, fruto de una producción cuantitativamente normal”.




