Valencia, 12 de junio de 2026. La Fundación de Agricultura y Medio Ambiente de la Comunidad Valenciana (FUVAMA) da a conocer los galardonados del XXVI Certamen de Pintura y Periodismo ‘Agricultura y Medio Ambiente’, un concurso afianzado dentro del calendario cultural que promueve la contribución de la actividad agraria en la preservación del territorio.
El jurado de periodismo otorga el premio a José Luis Zaragozá, en reconocimiento a su extensa trayectoria profesional como redactor de economía de Levante-EMV. Entre los temas de actualidad que aborda en el día a día, Zaragozá está especializado en el sector agrario. Asimismo, a través del suplemento dominical Activos dedica cada semana al menos dos páginas a reportajes y artículos de opinión sobre las cuestiones más candentes de la agricultura y la ganadería valencianas.
El presidente de FUVAMA, Bernardo Ferrer, resalta que “Zaragozá es una referencia del periodismo agrario valenciano desde hace muchos años y esta distinción está más que justificada. A sus amplios conocimientos del sector -no solo como periodista sino también como citricultor a tiempo parcial en L’Horta Nord- hay que sumar su profesionalidad y su implicación en defensa de una agricultura más innovadora, competitiva y sostenible”.
El premio único en la modalidad de pintura recae en Gonzalo Romero Navarro Por su obra ‘Surcos’, valorada en el jurado por su “gran impacto visual y simbolismo”. El segundo premio de pintura queda desierto.
El acto de entrega de los XXVI Premios del Certamen de Pintura y Periodismo de FUVAMA tendrá lugar el próximo miércoles 17 de junio, a las 17 horas, en la sede de la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA), en la calle Guillem de Castro nº 79 de Valencia. El evento, que clausurará el presidente de la Cámara de Comercio de Valencia, José Vicente Morata, además supondrá la inauguración de una exposición temporal con las obras designadas por parte del jurado de pintura.
Administraciones, investigadores, empresas y agricultores coincidieron hoy en “apostar por incorporar los avances tecnológicos en las explotaciones si queremos seguir manteniendo el liderazgo histórico de la citricultura valenciana y española”. Este fue uno de los mensajes más subrayados durante la jornada ‘Retos del sector citrícola’, organizada por la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) y Grupo Henar Comunicación, con el patrocinio de Caudal y Santander, que reunió a un centenar de personas en la Finca Sinyent.
Durante la inauguración, el secretario autonómico de Agricultura, Vicente Tejedo, destacó que “tenemos que reconvertirnos, ya que en la Unión Europea hay un lobby exageradamente potente que ha ido restando competitividad al sector citrícola y el Gobierno español presume de haber quitado el 50% de las materias fitosanitarias”. Por su parte, el presidente de AVA-ASAJA, Cristóbal Aguado, instó a las autoridades a “ayudar al sector a hacer unas estructuras más dimensionadas, mecanizadas y digitalizadas, a promover la profesionalización, facilitar suficientes soluciones eficaces contra las plagas y enfermedades, firmar acuerdos comerciales con complementariedad y promocionar el valor añadido de nuestros productos”.
Tecnología y profesionalización
La primera mesa redonda sobre tecnología y profesionalización corrió a cargo del director de producto e I+D+i de Caudal, Manuel Gómez; la directora Negocio Agroalimentario Santander España, Lorena Ruíz; y el secretario general de AVA-ASAJA, Juan Salvador Torres.
Torres lamentó que “tenemos los mismos retos que hace veinte años, pero ampliados y agravados, porque la Administración no ha ido abordando los desafíos estructurales. Buena parte del sector, sobre todo pequeños productores, no han resistido y van a continuar abandonando. Hay un problema de cambio cultural y de formación. Tecnificar los campos es complicado por su alto coste y su escasa dimensión. Necesitamos, por tanto, una hoja de ruta que, gobierne quien gobierne, dé solución a cada reto”.
Lorena Ruíz reiteró la necesidad de “escuchar al consumidor, tener claro lo que queremos hacer en nuestras explotaciones y llevarlo a cabo con financiación y conocimiento”. Manuel Gómez agregó que “la innovación y, en su caso, la eficiencia en el uso del agua permite ahorrar agua, abonos y energía, así como mejorar el medioambiente. Y esa mayor sostenibilidad y salud de nuestros cítricos hay que aprovecharla ante los consumidores”.
Los investigadores del IVIA, Alberto Urbaneja y María Ángeles Forner, presentaron el Proyecto Integrant, que hace hincapié en la lucha contra las plagas y enfermedades, como el HLB, y en las nuevas investigaciones sobre la adaptación al cambio climático.
Impacto de los acuerdos comerciales
La última mesa redonda resaltó el impacto de los acuerdos comerciales con países terceros -sobre todo Sudáfrica, Egipto y ahora Mercosur- que afecta especialmente a los agricultores. Alejandro Aparicio, productor de naranja y mandarina de Canals, afirmó que “queremos seguir haciendo las mejores naranjas y mandarinas del mundo, pero para ello necesitamos más soluciones contra las plagas, más mano de obra, más facilidades en la maquinaria y una verdadera reciprocidad”.
Ernesto Fernández, director general de Industria y Cadena Agroalimentaria, señaló que “los tratados están mal diseñados y por ello no permiten a los citricultores europeos competir en igualdad de condiciones con las importaciones”. José María García Álvarez-Coque, catedrático de Universidad Politécnica de Valencia, afirmó que “más que defender la reciprocidad, que es muy complicado, hay que lanzar el mensaje de defender la salud de las personas y la sanidad vegetal de las plantas”.
Por último, Celestino Recatalá, presidente de Intercitrus, resaltó que “el sector citrícola en su conjunto es consciente de la gravedad de la situación y por ello, después de muchos años de desencuentros, ha consensuado retomar las campañas de promoción que den valor añadido a las naranjas y mandarinas españolas -por su mayor proximidad, frescura, calidad, seguridad alimentaria y sostenibilidad medioambiental- y liderar como sector la I+D+i en lucha contra plagas y enfermedades y otros problemas a corto y largo plazo”.
La Generalitat Valenciana ha entregado hoy en el Palau los II Premios Agrovalor para reconocer la excelencia, la innovación y la sostenibilidad de personas y entidades de la industria agroalimentaria de la Comunitat Valenciana. El asociado de AVA-ASAJA, Alejandro Sebastián Cubel, ha recibido el galardón a la excelencia en la producción ganadera.
Su empresa cunícola de Aras de los Olmos SERGA S.L. es un centro especializado en la selección genética, reproducción e inseminación artificial de conejos. Fundada en la década de 1990, la compañía se ha consolidado como una referencia en el sector cunícola gracias a su trabajo en mejora genética y a su colaboración continuada con la Universidad Politécnica de Valencia y con la Universidad Miguel Hernández. Su objetivo es proporcionar a las explotaciones cunícolas animales con altas prestaciones productivas, contribuyendo a mejorar la eficiencia, la rentabilidad y la sostenibilidad de las granjas.
Además de la venta de reproductores y dosis seminales, SERGA ofrece servicios técnicos integrales para los profesionales de la cunicultura, incluyendo asesoramiento reproductivo, asistencia técnica, transporte especializado de animales, aplicación de inseminación en granjas y desarrollo de proyectos para nuevas explotaciones. La empresa dispone de granjas de selección y multiplicación, así como de un centro de inseminación desde el que abastece a clientes de España y otros países.
El presidente de AVA-ASAJA, Cristóbal Aguado, ha acompañado a Alejandro Sebastián Cubel en un acto presidido por el jefe del Consell, Juanfran Pérez Llorca, al que también han asistido el conseller de Agricultura, Miguel Barrachina, y representantes del sector agrario. Los otros galardonados han sido María Sancho, viticultora y empresaria (Premio a la excelencia en la Producción Agrícola); el pescador Joseba Arego (Premio al Excelencia en Pesca y Acuicultura), el Sindicato Central de Aguas del río Mijares (Premio a la Gestión de los recursos hídricos); y la Cooperativa Agrícola Virgen Pobre de Xaló (Premio a la Promoción Comercialización Agroalimentaria).
Valencia, 8 de junio de 2026. El Sistema de Alerta Rápida para Alimentos y Piensos de la Unión Europea (RASFF) notificó durante el pasado mes de mayo hasta cinco sustancias fitosanitarias cuyo uso está prohibido en la agricultura europea (dimetoato, oxamyl, clothianidin, chlorpyrifos e imidacloprid) en frutas y hortalizas procedentes de Egipto. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) denuncia “los sistemáticos y alarmantes incumplimientos de Egipto y otros países terceros en materia de seguridad alimentaria” y, por tanto, exige a Bruselas que “incremente los controles, tanto en origen como en los puntos de entrada, para no poner en peligro la salud de los consumidores europeos”.
Egipto encabezó un mes más las alertas alimentarias detectadas a través del portal comunitario RASFF. Entre las notificaciones registradas figuran dos rechazos de naranjas egipcias en Holanda por presencia de dimetoato y oxamyl; un rechazo en frontera en Chipre de limones por residuos de clothianidin; otro rechazo de limones por chlorpyrifos; así como una notificación de información para atención emitida por Italia tras detectar en melocotones egipcios residuos de chlorpyrifos, clothianidin, imidacloprid y dimetoato. Tomates importados desde Egitpo igualmente fueron rechazados por contener chlorpyrifos.
Turquía también volvió a aparecer vinculada a reiteradas alertas relacionadas con hortalizas. El RASFF notificó en mayo rechazos en pimientos turcos por presencia de cyflumetofen, fosthiazato y formetanato, además de rechazos de tomates turcos por residuos de indoxacarb, otra materia activa fitosanitaria que está suprimida en la UE. Otros países terceros que siguieron acumulando alertas del RASFF fueron Pakistán (clothianidin, acetamiprid y chlorpyrifos en arroz basmati), Perú (exceso de cadmio en aguacates), así como Vietnam y China.
El presidente de AVA-ASAJA, Cristóbal Aguado, advierte de que "los productos agrarios que hacemos en Europa, además de más próximos y frescos, tienen una mayor garantía de salud, trazabilidad y sostenibilidad. Cumplimos los estándares de calidad más rigurosos del mundo, mientras que las importaciones transportadas desde miles de kilómetros llevan asociada una mayor huella de carbono y, en muchos países, incurren en alertas alimentarias perjudiciales para la salud de los consumidores”.
Al respecto, AVA-ASAJA reitera que las instituciones comunitarias “deben dejar de mirar hacia otro lado ante estos incumplimientos y adoptar medidas contundentes frente a aquellos países que acumulan alertas de manera recurrente, como es el caso de Egipto y Turquía”.
Valencia, 5 de junio de 2026. Malos tiempos para el sector cerealístico. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) prevé que la próxima cosecha de cereales en las comarcas interiores de Valencia y Castellón sufrirá una disminución media de, al menos, el 50% respecto al potencial productivo, a causa, principalmente, de la escasez de lluvias y las altas temperaturas registradas en la segunda quincena de mayo. Esta importante merma coincide, además, con una escalada de los costes de producción y un descenso estimado del 15% de los precios en origen durante el último año, lo que hunde la rentabilidad del cultivo y pone en peligro la continuidad de cientos de explotaciones.
El responsable de la sectorial de cereales de AVA-ASAJA, Antonio Miguel Álvaro, advierte de que “tenemos la mitad de la cebada que esperábamos en marzo, ya que el invierno fue fantástico pero en los meses de abril y mayo apenas ha llovido y encima ha hecho un calor excepcional para estas fechas. La cebada ya está muy blanca, lista para recolectar, cuando lo habitual sería comenzar dentro de 20 o 25 días; es decir, el calor va a adelantar casi un mes la recogida, con los perjuicios que ello supone para el correcto desarrollo de los granos”.
El delegado de Camporrobles, Daniel Ponce, agrega que en la comarca Utiel-Requena, así como en el Valle de Ayora, “hay áreas que, además de la falta de agua y el calor, también han tenido mermas de producción debido al frío durante algunas noches, el cual ha causado que el grano de la cebada se quede en ocasiones a medio hacer. Aunque aún es pronto para saber el grado de afección en el trigo, las perspectivas son igual de malas o peores”.
En la provincia de Castellón, ganaderos de Els Ports que cultivan cereales para alimentación animal comparten las previsiones a la baja, pero reducen las mermas al 40% en comparación con la capacidad productiva del cultivo. Otra causa de la pérdida de cereales es la superpoblación de fauna salvaje -conejos, jabalís, cabras montesas, corzos, ciervos, etc.- que provoca daños importantes y continuados en las explotaciones.
Ante la reducción de cosecha, AVA-ASAJA plantea a Agroseguro cambios en la regulación del seguro de cereales para que las coberturas por riesgo de sequía se adapten mejor a la realidad del cultivo, ya que en la mayoría de los casos los agricultores pueden quedarse sin indemnizaciones que palien buena parte de las pérdidas generadas por las condiciones climáticas. Por otra parte, AVA-ASAJA insta al Ministerio de Agricultura a tener en cuenta los cereales de Valencia y Castellón en la rebaja de módulos de 2026.
En cuanto a los costes de producción “inasumibles” y los precios a pie de campo “ridículos”, la organización insta a la Unión Europea y al Gobierno español a poner en marcha medidas que permitan reducir los costes de producción, especialmente en el caso de los fertilizantes, y a revisar los acuerdos comerciales con países terceros, de forma que las importaciones de cereales solo sirvan para complementar la producción europea, en lugar de sustituirla y comprometer su rentabilidad como está provocando la entrada masiva de cereales procedentes de Ucrania.
Otras reivindicaciones de AVA-ASAJA son el control poblacional de la fauna salvaje, a fin de minimizar los daños que ocasiona a las producciones, y la adopción de medidas de apoyo a cultivos de secano o de interior -como cereales, olivar, frutos secos o viña- y cabañas ganaderas para mantener explotaciones que frenen el despoblamiento rural y actúen de cortafuegos naturales ante los incendios forestales.
AVA-ASAJA advierte de los riesgos del calor durante la campaña de cosecha y pide extremar la prevención en el campo teniendo en cuenta que las previsiones de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) apuntan a un verano con temperaturas por encima de lo normal en toda España. ASAJA recuerda “la importancia de proteger la salud de agricultores, ganaderos y trabajadores del campo”.
La campaña de cosecha arranca marcada por un escenario climático especialmente exigente. La AEMET prevé para los meses de junio, julio y agosto de 2026 una gran probabilidad de que la temperatura media se sitúe en el tercio superior en toda España, es decir, por encima de los valores habituales para la época. Esta previsión afecta de forma directa al campo, donde miles de agricultores, ganaderos y trabajadores desarrollan su actividad al aire libre, muchas veces durante las horas de mayor exposición solar.
Desde AVA-ASAJA, se recuerda que el calor extremo es un riesgo laboral y sanitario que puede tener consecuencias graves si no se adoptan medidas preventivas, por ello insiste en la necesidad de “planificar las tareas, adaptar los horarios y evitar, siempre que sea posible, los trabajos más pesados en las horas centrales del día”.
El estrés térmico no depende únicamente de la temperatura ambiente. También influyen la humedad, la radiación solar, la velocidad del aire, la intensidad del esfuerzo físico, la duración de la jornada y la ropa de trabajo utilizada.
Entre las principales recomendaciones preventivas figuran, además de ajustar las jornadas laborales a las horas más frescas del día, beber agua con frecuencia, incluso aunque no se tenga sed; evitar el consumo de cafeína o bebidas muy azucaradas; realizar descansos periódicos en zonas frescas o a la sombra; utilizar ropa ligera, transpirable y de colores claros; y prestar especial atención a los síntomas de alarma.
Confusión, desorientación, piel caliente y seca, pulso rápido, náuseas, dolor de cabeza intenso o pérdida de consciencia pueden ser señales de un golpe de calor.
La Comisión Europea ha presentado su paquete de preparación frente a los incendios forestales para el verano de 2026 y reconoce, por escrito, que el abandono rural y la falta de gestión del monte están detrás de unos fuegos cada vez más virulentos. Es el diagnóstico que ASAJA repite desde hace años. La pregunta sigue siendo la misma: ¿se va a hacer algo para que vivir del campo vuelva a ser rentable, o seguiremos confiándolo todo a los aviones cuando el monte ya arde?
Un verano más, las previsiones no acompañan. Las proyecciones manejadas por la Comisión Europea apuntan a un trimestre con temperaturas por encima de la media en buena parte del continente y a un escenario de sequía estructural que se arrastra desde la primavera, con especial preocupación en el centro y el este de Europa. En España, junio y julio se presentan con un riesgo elevado en amplias zonas del país y con un déficit de agua que reseca la vegetación y la convierte en combustible. La propia campaña europea de respuesta ya se ha activado de forma temprana este año, antes incluso del inicio oficial del verano.
Pero el dato que debería hacer reflexionar a toda la sociedad es otro. Según la Comisión, en 2025 ardió en la Unión Europea más superficie que nunca antes registrada: más de un millón de hectáreas, una extensión mayor que la isla de Chipre. En cuatro de los últimos cinco años la superficie quemada ha superado la media, los incendios son cada vez más grandes e intensos y se multiplican los llamados megaincendios, imposibles de controlar con los medios tradicionales de extinción. El coste de los daños a bienes e infraestructuras se estima en unos 2.500 millones de euros anuales. Y un apunte que desmonta tópicos: hasta el 96 % de las igniciones en la UE tienen origen humano.
La gran causa de fondo: la falta de gestión del monte
Más allá del cambio climático y de las imprudencias, la comunicación europea sitúa negro sobre blanco una causa que el sector agrario lleva años denunciando: el abandono de las prácticas agrícolas y ganaderas tradicionales y la falta de gestión forestal activa han provocado una acumulación masiva de combustible vegetal en el territorio. La despoblación rural, la desaparición del mosaico de cultivos y pastos y la infrautilización de herramientas como el pastoreo, la trashumancia o las quemas prescritas han generado paisajes continuos y homogéneos, perfectos para que el fuego corra sin freno.
La imagen es fácil de entender: el monte funciona como un almacén en el que cada año se acumula un nuevo nivel de combustible. Donde antes había cultivos, pastos y ganado que mantenían el paisaje a raya, hoy avanza una masa forestal sin control. Europa tiene más superficie arbolada que hace un siglo, pero crece sin la gestión debida. Por eso los incendios no solo son más extensos, sino más intensos, y cada vez con más frecuencia alcanzan a pueblos, urbanizaciones, polígonos, autopistas o líneas eléctricas.
El agricultor y el ganadero, primera línea de prevención
Frente a ese escenario, el papel del sector primario resulta insustituible. La propia Comisión reconoce a agricultores, ganaderos y silvicultores como actores clave en la prevención, poseedores de un conocimiento práctico adaptado al territorio, y señala a la Política Agraria Común (PAC) como la principal fuente de financiación europea para la prevención basada en la gestión del terreno: cortafuegos, desbroces, pastoreo extensivo, mantenimiento del mosaico agrario y de zonas en riesgo de abandono. El propio texto defiende premiar a quienes sostienen sistemas ganaderos extensivos en zonas de montaña y áreas marginales.
No es teoría. Un olivar, un viñedo o un campo de cereal actúan como cortafuegos vivos: rompen el frente del incendio, le restan intensidad y ofrecen a los equipos de extinción un lugar seguro desde el que trabajar. Donde pasta el ganado, no se acumula la maleza que alimenta el fuego. Mantener viva esa actividad es, en la práctica, la política de prevención más eficaz y más barata que existe.
El reconocimiento no basta: hace falta rentabilidad
Aquí es donde ASAJA marca la línea crítica. De poco sirve que Bruselas reconozca el valor del agricultor y del ganadero si después no se garantiza que vivir del campo sea rentable. La prevención del territorio no puede sostenerse a base de subvenciones puntuales ni de programas piloto bien intencionados pero inviables económicamente. Cuando un ganadero deja el pastoreo o un agricultor abandona su parcela no es por capricho: es porque los números no salen. Y mientras no salgan, el monte seguirá colonizando el campo abandonado.
A esa falta de rentabilidad se suma un exceso de normativa que asfixia los usos tradicionales del monte. ASAJA viene reclamando cambios en la regulación que permitan recuperar el aprovechamiento de la biomasa, los desbroces y el conjunto de usos —madereros y no madereros— que durante siglos mantuvieron limpios nuestros montes. La gestión forestal en España se enfrenta además a la fragmentación competencial entre las distintas administraciones, que multiplica la complejidad y ralentiza cualquier actuación. Sin un marco que haga atractivo y posible volver al monte, el reconocimiento sobre el papel se queda en buenas palabras.
En este punto hay además una oportunidad que hoy se está desaprovechando. El sector agrario y forestal genera grandes cantidades de biomasa que, en lugar de acumularse en el monte como combustible, podrían tener una salida útil. Faltan, sin embargo, planes que permitan evacuar esa biomasa y transformarla en energía. Poner en marcha esos planes cerraría un círculo virtuoso: menos combustible acumulado en el monte, una nueva fuente de ingresos para el medio rural y un impulso a la transición energética. Es una vía que ASAJA reclama desarrollar sin más demora.
Por la misma razón, conviene revisar y estudiar de nuevo el diseño de los ecorregímenes de la PAC, prestando especial atención al papel que cumplen las cubiertas vegetales y a su comportamiento en situaciones de incendio. No se trata de renunciar a sus beneficios ambientales, sino de afinar estas herramientas para que sigan sumando sin contribuir, de forma involuntaria, a la acumulación de combustible en los momentos de mayor riesgo.
Apagar en invierno, gestionar todo el año
La Unión Europea refuerza, un año más, su capacidad de respuesta: una flota europea con decenas de medios aéreos —dos aviones anfibios estarán basados en España—, equipos terrestres especializados y una célula de coordinación que operará entre el 15 de junio y el 18 de septiembre, además del despliegue de bomberos de distintos países para compartir experiencia, varios de ellos en comunidades autónomas españolas. Son medios necesarios y bienvenidos. Pero son solo una parte de la ecuación.
Porque, como recuerda el propio enfoque integral que defiende Europa, el incendio se combate todo el año, no solo cuando ya hay llamas. El agua da lo que da frente a la energía acumulada en un monte sin gestionar. Si no se actúa sobre el combustible —y eso pasa por devolver actividad económica al territorio— ningún despliegue de extinción cambiará el rumbo de lo que viene. La buena noticia es que el diagnóstico, por fin, parece compartido. La mala, que sin rentabilidad agraria detrás, seguirá sin resolverse.
La posición de ASAJA
Para ASAJA, la conclusión es clara: la mejor política contra los incendios forestales se llama agricultura y ganadería viva y rentable. Mantener agricultores y ganaderos en el territorio no es un gasto, es la inversión en prevención más rentable que puede hacer la sociedad. Proteger su renta, eliminar trabas normativas y poner en valor su labor de cuidado del monte no es solo una reivindicación del sector: es una cuestión de seguridad para el conjunto del país. El campo lleva años avisando. Ahora que Europa lo reconoce, toca pasar de las palabras a los hechos.
Valencia, 3 de junio de 2026. Los flamencos vuelven al parque natural de La Albufera, dejando bellas estampas de plumas rosas… pero causando graves daños a los arrozales. Justo después de la inundación de los campos y la siembra del arroz, la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) advierte de los primeros perjuicios perpetrados por bandadas de flamencos que -aunque no comen las plantas- sí patean la tierra, escarban con el pico y sacan las raíces. Las mermas llegan en muchos casos al 100% de la producción de las parcelas afectadas, lo que obliga a los arroceros a replantar si no quieren perder la cosecha de todo el año y, por tanto, a asumir importantes sobrecostes económicos en plena escalada de insumos, sobre todo de gasóleo agrícola, fertilizantes nitrogenados, fitosanitarios, semillas y mano de obra.
La organización presidida por Cristóbal Aguado denuncia que estos siniestros provocados por los flamencos no están cubiertos por el seguro. La regulación actual establece que la cobertura por fauna salvaje, en el caso del arroz, solo se activa a partir del estado fenológico D, es decir, cuando es visible la tercera hoja. La mayoría de los arrozales que están sufriendo daños de flamencos aún no han alcanzado esa etapa tan avanzada del cultivo -las plantas apenas llegan al nivel del agua- de modo que quedan fuera de la cobertura del seguro.
Por ello, AVA-ASAJA exige a la Generalitat Valenciana -a través de la Conselleria de Agricultura y/o la Conselleria de Medio Ambiente- que establezca una línea de compensaciones económicas para aliviar las pérdidas generadas por esta fauna salvaje. Asimismo, de cara a futuras campañas, la organización agraria pide al gobierno valenciano que -como la comunidad que más fondos autonómicos destina al apoyo a la contratación del seguro agrario- haga valer ese liderazgo y presione a Agroseguro para que cambie la cobertura por daños de fauna salvaje, de manera que se extienda al inicio del ciclo de cultivo del arroz, que es cuando los flamencos y otras especies de fauna salvaje suelen acudir a los arrozales recién inundados y sembrados, y se suprima la franquicia del 20% inicial.
El delegado de AVA-ASAJA en Sollana, José Felip, es uno de los arroceros más perjudicados: “Una bandada de un centenar de flamencos ha destrozado en poco tiempo parcelas de arroz prácticamente enteras. Puede que no haya tantos flamencos como otros años, pero al agricultor que le pilla, le deja hecho polvo. El sector arrocero está atravesando una crisis de rentabilidad crítica y un imprevisto de este calado puede significar la diferencia entre seguir o abandonar”.
Por su parte, el responsable de la sectorial del arroz, José Pascual Fortea, reitera que “es injusto que toda la sociedad se beneficie de la presencia de los flamencos en el parque natural y que el coste corra a cargo únicamente del bolsillo de los arroceros. La Administración debe establecer un marco de compensaciones, ya sea en ayudas directas o mediante el seguro agrario, para que todos disfrutemos de los flamencos sin perjudicar al colectivo que más hace por preservar el territorio”.
Valencia, 1 de junio de 2026. No siempre lo que bien empieza, bien acaba. La Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA) advierte de que la campaña de frutas de hueso “empezó bastante bien, con una mayor producción y precios en origen aceptables, pero con el paso de los días está acabando con pérdidas, ya que la demanda se ha desplomado -sobre todo en los calibres pequeños- y muchas cotizaciones se sitúan por debajo de los elevados costes de producción”.
Las lluvias de mayo y los posteriores días con elevadas temperaturas, incluso con viento de poniente, supusieron un antes y un después en medio de las labores de recolección de melocotones, nectarinas, albaricoques y ciruelas en la Comunitat Valenciana.
Las previsiones iniciales de AVA-ASAJA apuntaban a un incremento del 15% de la cosecha respecto al año pasado, superando los 40 millones de kilos, a pesar del retroceso de la superficie cultivada después de varios años con pérdidas. El invierno acumuló horas frío y solo hubo que lamentar siniestros significativos en parcelas de la Vall d’Albaida a causa del pedrisco. Además de un aumento de producción, las variedades tempranas también se beneficiaron de una demanda fluida y de precios en origen razonables, si bien no llegaron a los niveles de la temporada precedente y fueron más parejos a los percibidos hace dos años.
Sin embargo, tras la combinación de precipitaciones y días muy calurosos para mediados de mayo, mucha fruta que todavía no se había recolectado sufrió una rápida sobremaduración que se solapó con frutas de otras regiones y disparó la oferta en los mercados. Los agricultores dejaron de recibir ofertas de los operadores comerciales. Como consecuencia, las cotizaciones en origen se desplomaron, especialmente en el caso de los calibres más pequeños que, dado el exceso de cosecha, muchas veces no encontraron una salida comercial.
Otro factor que presionó los márgenes de rentabilidad de los fruticultores fue el encarecimiento de los insumos, especialmente de los fertilizantes, así como de la energía y el transporte, agravado por las políticas agroambientales de la Unión Europea y el conflicto bélico en Oriente Medio. Asimismo, la supresión sistemática de materias activas fitosanitarias limitó las herramientas disponibles para combatir las plagas y enfermedades. Un ejemplo destacado fue el ‘gusano cabezudo’ -una plaga del albaricoquero que ataca la raíz y acaba matando al árbol- que, si no se autorizan soluciones eficaces a corto plazo, aboca al cultivo a la desaparición en pocos años, según advierten asociados de AVA-ASAJA.
Por último, la organización agraria denuncia la competencia desleal de frutas de hueso procedentes de países terceros como Marruecos, Argelia o Egipto, con menos restricciones fitosanitarias y medioambientales, que están aumentando su producción y accediendo al mercado europeo en condiciones más competitivas.