domingo 19 de mayo del 2013
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Firmas de la Comunitat comercializan buena parte de los cítricos andaluces
Valencianas... de Andalucía
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Las Provincias

Vicente Lladró. En la prensa andaluza vienen repitiéndose informaciones que dan cuenta de que una gran parte de la producción citrícola de la región es comercializada por firmas exportadoras valencianas, lo que, sin representar ninguna crítica ácida, porque se entiende que esto es así a raíz de la lógica evolución de las cosas durante más de un siglo, sirve para cuestionar la falta de estructuras comerciales propias y reivindicar que se creen, porque suele aventurarse en dichas informaciones la suposición de que un buen porcentaje del valor añadido en el proceso de venta se les escapa y viene a tierras valencianas, cuando entienden que debería quedarse allí.

 

Curiosamente, de este lado valenciano también suelen registrarse con frecuencia ciertas reticencias por parte de los productores citrícolas, al señalar muchas veces que las cosas no van por aquí como debieran, o como se esperaban que fueran, porque los compradores locales de naranjas y mandarinas se decantan en ciertos momentos por traer la producción de otras regiones; tanto de Andalucía como de Murcia o del sur de Tarragona. Presuponen en este caso, con un tono que se reafirma más en la crítica, que lo que compran los comerciante fuera no lo adquieren aquí, lo que deriva al final en peores precios.

 

Son controversias y suspicacias que apuntan a un mismo hecho desde puntos geográficos opuestos, y resulta llamativo que de las dos visiones, siendo contrapuestas, se desprenden conclusiones negativas para ambas partes a la vez. Unos y otros (productores valencianos y andaluces) consideran que el hecho de que los comerciantes valencianos se abastezcan en buena medida de fruta que compran en tierras andaluzas, les perjudica. Unos porque imaginan que lo que se adquiere en un sitio no se lo compran a ellos, y los otros porque entienden que lo que van a ganar los comercializadores no se queda allí.

'Naranjal de Valencia'

En la publicación digital 'diariodesevilla.es', Tomás Monago y José Aguilar incidían días atrás en este aspecto al señalar que Andalucía ostenta el 30% de la producción citrícola nacional pero sólo exporta directamente el 5,7%; el resto llega a los mercados a través de empresas valencianas, que exportan el 80% del total nacional, cuando la producción de la Comunitat Valenciana representa el 60%. De ahí los titulares que aparecían en dicha publicación: 'Andalucía, naranjal de Valencia' y 'Naranja valenciana... de Andalucía'. Dos variaciones de una misma idea que lamenta que «no le sacamos todo su potencial», aun reconociendo que «esto no es nuevo», para comparar la situación con la del aceite de oliva, que en muchos casos es adquirido a granel por casas italianas que lo acaban comercializando a precios altos con sus marcas, como si fuera de Italia.

 

Las informaciones y comentarios de 'diariodesevilla.es' reconocen que los comerciantes valencianos representan una estructura exportadora que se asienta en conocimientos y redes que se han ido creando desde hace mucho tiempo, hasta el punto de citar que en muchos sitios de Europa, cuando se habla de fruta de calidad, allí hay trabajando expertos valencianos.

 

Sin embargo, aunque se reconoce respetuosamente esa tradición comercial y exportadora, se concluye que «hay tradiciones que se deben romper; no la de la naranja valenciana, tan apreciada, sino la de la andaluza, que tan apreciable sería si fuésemos capaces de exportarla desde aquí. Llevarla del campo al consumidor sin pasar por los intermediarios valencianos. Logrando que toda la plusvalía se quedara en casa».

 

Para explicar por qué no se opera el cambio que se propone, José Aguilar cree que es «por un viejo problema de mentalidad: todavía hay muchos empresarios (en Andalucía), pero pocos emprendedores», y cita obstáculos de falta de unión, como el intento frustrado de unir diez cooperativas en otra de segundo grado, que quedó en nada.

Visiones parciales

Sin embargo, si escuchamos lo que se dice en los pueblos naranjeros valencianos veremos que ni cooperativas, ni afluencia de compradores, ni entidades agrupadas están sirviendo para salvar el problema, porque se extienden los males de siempre: exceso de oferta en cada momento, desequilibrio negociador ante las grandes cadenas, exigencias de todo tipo al alza y precios a la baja. Luego no bastará con todo ello, como se dice desde tierras andaluzas.

 

De igual modo, en muchos casos nos dirán por los campos valencianos que las cosas van mal, que la naranja está barata porque la traen de Andalucía, o de Marruecos, y así tratan de justificar casi todos que no se la compren a ellos o que no haya mejor precio. Se sienten momentáneamente satisfechos así, con estas visiones parciales de la cuestión, que evidentemente es mucho más compleja y profunda, pero casi nadie reconoce que habría que proceder de otra forma.

 

Mientras unos y otros se echan en cara culpas y responsabilidades, en tanto que algunos incluso alardean de que crezca la exportación, pese a que eso sea a costa de las rentas de los productores, éstos no reaccionan por el lado que debía ser de su máximo interés: actuar con inteligencia para reapreciar en el mercado su producto, reducido hoy a simple materia prima.

 

Sin publicidad ni promoción de ninguna clase, sin capacidad de reacción siquiera contra los embates que desde otros intereses comerciales lanzan contra la producción citrícola en fresco, los consumidores desconocen por ejemplo cómo diferenciar las múltiples variedades que existen, cuáles son sus cualidades y en qué momentos de cada temporada se encuentran en plenitud de madurez.

Tenemos la más amplia lista de variedades del mundo, la oferta más diversa y selecta, pero, en cambio, nuestros clientes, en su gran mayoría, sólo saben que hay 'naranjas' y 'mandarinas'. Nadie se preocupa de enseñarles a diferenciar las más de quince subvariedades de clementinas que tenemos, y otras tantas de naranjas, y su sucesión escalona en la campaña. Eso, y muchas otras cosas, servirían para elevar el nivel, y con el nivel subiría la demanda, el aprecio y la cotización. Pero es como si se hablara en una lengua desconocida. 

 
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