La escasez de clementinas desata en el campo una fiebre compradora
Vicente Lladró. Pocos podían imaginar que de un año a otro se pasara de regalar las clementinas en el campo a venderlas a buen precio, como no ocurría desde hacía muchas campañas. La escasez de esta fruta ha desatado una auténtica fiebre compradora y en origen suben las cotizaciones de un día para otro. Al igual que ocurre en la bolsa, que cuando va para arriba parece que se multiplican los inversores con ansias por comprar y los precios suben continuamente (y al revés), así está pasando ahora con los cítricos, especialmente en el caso de las clementinas y otras mandarinas, donde, de golpe, ha empezado a circular un convencimiento general de que la producción es más baja de lo que se estimaba cuando se realizaron los aforos, a finales del verano. Se vio pronto el cambio de tendencia cuando, de repente, quedó arrinconada la práctica de apuntar cosechas para liquidar después 'a lo que salga'. Volvía el precio. Los corredores no estaban escurridizos, como solían, sino que se hacían los encontradizos, como ya no se estilaba. Tenían orden de comprar, de asegurarse cosecha.Primero fueron las satsumas y clementinas precoces las que se vendieron a precio, entre 3 y 4 euros por arroba (0,24-0,31 euros por kilo) por término medio. Ni siquiera ha desmerecido la variedad Marisol, tan denostada en ocasiones, y cuya producción ha caído drásticamente. Luego, para la Clemenules, la de mayor tonelaje y auténtica reina del sector, comenzaron a circular 18 o 20 céntimos por kilo, alrededor de 400 o 425 pesetas por arroba (en el campo sigue hablándose en pesetas y arrobas de 12,78 kilos). Algo era, comparado con la ruina de temporadas anteriores. Pero pronto se ha ido pasando a 500, 600... y dicen que la cosa no ha parado aún. Productores con clementinas de maduración más atrasada aspiran todavía a más, lo que ha hecho que algunos expertos del sector comiencen a advertir del peligro de que, si se encarece demasiado el producto de cara al consumidor, la demanda se vea frenada. El caso es que en los campos de mandarinas que ya se han recolectado se ha comprobado que la reducción de cosecha es muy superior a la que se anunciaba. La merma es de un 40% o 45%, y se vaticina que en Clemenules andará por igual. A esta disminución hay que añadirle la de las innumerables fincas que se han reconvertido de variedad o que han dejado de cultivarse, tras varios años de pérdidas continuadas. Diversas cooperativas compiten con el comercio en la compra, para intentar asegurarse suficiente mercancía, porque la de sus socios también ha caído. Entre tanto comienzan a verse casos indeseados de recolección acelerada de fruta aún no madura, y, pese a ello, no se pueden servir todos los pedidos de los clientes. Por ahora.